Allí donde está Kiron estamos en contacto con nuestro dolor y con nuestras capacidades de sanar a otros.
La capacidad de sanar así como el proceso de curación se pone de manifiesto gracias al contacto del herido con la sabiduría que le provee el dolor y con la capacidad del sanador de entender sus propias heridas y así reconocer las heridas que hay en sus semejantes.
Kirón nos enseña a abrazar la herida y aprender de ella, cultivando la compasión y sabiduría para así poder ayudar al que sufre, asumiendo nuestra responsabilidad y haciendo algo muy bueno con nuestras vidas.